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LA MAGIA DE LOS CABALLOS DE PASO FINO EN COLOMBIA

LA MAGIA DE LOS CABALLOS DE PASO FINO EN COLOMBIA

26 de Agosto de 2015. Guardado en Noticias

Tormento de La Virginia mide un metro y 38 centímetros. Su piel marrón oscuro y sus crines color azabache brillan aunque no haya mucha luz. Camina levantando los laterales: primero alza sus dos patas derechas y luego las dos izquierdas.

El golpeteo de sus cascos sobre la pista se escucha como taca taca taca taca. No se acelera ni se ralentiza. No pierde el ritmo porque Tormento es el prototipo perfecto del paso fino colombiano. El caballo, avaluado en tres millones de dólares es uno de los más caros del país.

Tormento nació el 11 de febrero de 1999 en el Criadero La Virginia de Jamundí, Valle del Cauca, pero vive en Facatativá desde que tenía cinco años. Sus padres ?Patrimonio del Ocho y Tormenta del Desierto? eran caballos de paso fino, como sus abuelos y bisabuelos. Podría decirse que su genética es perfecta.

A sus hijos, Tormento de La Virginia no les hereda solo la finura del paso sino también la quietud del anca y del tren posterior. Solo en el 2014, el tricampeón mundial de paso fino preñó a 150 yeguas.

Cada vez que una yegua queda preñada con la esperma de Tormento, el producto de tal inseminación puede costar por lo menos seis millones de pesos.

Alirio Galvis, presidente de la Federación Colombiana de Asociaciones Equinas (Fedequinas), explica que la raza de paso fino colombiano, un caballo mediano de andar suave y elegante, ha sido creada en el país a través del cruce de caballos y yeguas criollos que puede tardar hasta seis generaciones.

El caballo de paso fino colombiano se ha convertido en un producto nacional de exportación.

Caballos como Tormento de La Virginia, o su progenitor, Patrimonio del Ocho, venden saltos para preñar yeguas en Puerto Rico, Venezuela, República Dominicana y Estados Unidos.

En Puerto Rico, sin embargo, "quisieron robarse la genética de la raza y lo llamaron ?Paso Fino de las Américas?, pero no pudieron comprobar que ese tipo de caballo haya nacido en su país?, cuenta Galvis.

En cambio, Fedequinas realizó un complejo estudio para demostrar que el paso fino colombiano es en efecto una raza autóctona del país. En la investigación participaron zootecnistas y veterinarios que rastrearon la genética de más de 200 caballos y yeguas nacidos y criados en 12 países de América.

Con los resultados de la investigación en la mano, Fedequinas pretende presentar un proyecto de ley para que la raza de paso fino colombiano sea reconocida oficialmente. Además, dice Galvis, "la Federación quiere que los caballistas dejen de ser estigmatizados como un gremio de narcotraficantes?.

La extradición en 2004 del exintegrante del Cartel de Cali Joaquín Mario Valencia, alias el ?Caballista?, y la reciente entrega voluntaria a la justicia estadounidense de Óscar Pulgarín, el ?Señor de los Caballos?, han dejado una mancha en el negocio difícil de borrar.

Sin embargo, alega Galvis, "el narcotráfico se ha infiltrado en casi todos los sectores de la economía colombiana e incluso en el gobierno, ¿por qué entonces nos señalan solo a los caballistas??.

El cuidado que requieren los caballos de paso fino

La familia de Gustavo Ortiz, conocido en el mundo equino como ?Orejas?, ha montado caballos por cuatro generaciones. Él mismo asistió a la escuela de chalanería hace 32 años y desde entonces se ha dedicado a enseñarles a los caballos a caminar el ?ocho? y el ?zigzag?, a trochar y a galopar como los mejores atletas de cuatro patas.

?Orejas? entrena doce caballos cada día. A los más hábiles los monta durante treinta minutos, mientras que los caballos jóvenes pueden necesitar hasta dos horas de entrenamiento.

Para ?Orejas?, montarse sobre el lomo de un paso fino "es una sensación que no se puede explicar. Los caballos generan pasión, poder y adrenalina?.

Como ?Orejas?, miles de personas viven del negocio de los caballos. 24 asociaciones, 1.000 montadores, 73.000 propietarios y 232.000 caballos de origen colombiano hacen parte de Fedequinas.

"Detrás de cada caballo hay un montador, un ayudante y un médico veterinario, además de los insumos de alimentación, medicinas y accesorios de cuero que demandan los ejemplares?, explica Alirio Galvis.

A Tormento de La Virginia, por ejemplo, lo han montado cinco chalanes en sus 16 años de vida. La clínica Equi-Tech se encarga de su cuidado y cada mes un médico lo revisa desde los pies hasta la cola. Todos los días, un hombre limpia su establo y le da de comer.

Los caballos de paso fino no son solo un lujo para sus dueños; también son un negocio del que se benefician miles de familias colombianas.

Tomado de: El tiempo
ESTEFANÍA CARVAJAL RESTREPO
estcar@eltiempo.com

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